16 diciembre 2007

Por si me olvidas

Autor: Víctor González

Era la tercera vez y ella todo el tiempo permaneció con el rostro en reverencia, silenciosa, inconmovible. Preguntas ivanyvenian sin recibir respuestas. Desconocía totalmente las calles que recorrió y desde luego no sabia que héroe por amor a la patria dio su nombre a la calle donde vivía. Fue precisamente esa mañana cuando salió al mercado que un nosédonde invadió su mente. Los edificios, calles, y los rostros eran desconocidos. Como si al entrar y salir de la carnicería fuera un portal del espacio intemporal. Un pequeñísimo hilo de cordura se rompió después de hacer el trueque del filete que esperaban en casa. Nunca llegó, lo devoró el tiempo. María Asunción fue bautizada así en honor a la asunción de la virgen María. Sin embargo después de casi medio siglo no recordaba ese acontecimiento que revistió las paredes de su casa de un blanco inmaculado, el patio escenario de sus juegos fue perfumado con jazmines colgantes y una hilera de globos blancos y rosas daba la bienvenida a los invitados Sonrientes, glotones, embriagados,y que hartos de felicidad celebraban a la pequeña María Asunción, quien ajena al desbordamiento de prosperidad dormía plácidamente sin que los gritos de los chiquillos que esperanzados gritaban el clásico “bolo padrino”, la despertaría.
Ninguna identificación traía consigo. Su esposo Alfredo siempre la regañaba porque dejaba el carnet de identificación en casa. -pa, qué que tal si se me pierde, nombre lo difícil que es tramitar de nuevo-. Las autoridades buscaron en la lista de personas reportadas desaparecidas sin éxito alguno. Una trabajadora social integró un expediente escueto y la albergaron en una casa de reposo de abuelitos mientras la buscan sus familiares.
Fue meses después, del primer signo del deterioro mental de asunción, cuando falleció Alfredo. Ahora estaba sola ya que no tuvieron hijos. La primera vez no recordaba los nombres de las personas y ahí en el sepelio de su compañero, se perdió entre los dolientes- ¿que hago aquí?, ¿quienes son ustedes?- . Continuo con su vida Bajo tratamiento medico
Se empleo como sirvienta en el hogar de un matrimonio noble, simplemente para distraerse ya que la pensión de su esposo era buena; aunque a veces se le olvidaba cobrar. Las enfermeras le llamaron “doña” de cariño desde que la recibieron. Descubrieron la fotografía cuando la desvistieron para bañarla, la imagen de un hombre de edad madura, pelo entre cano y bigote, sonriente, quizás porque estaba oculto entre los senos de la mujer. Al revés tenia un mensaje “por si me olvidas, Asunción, soy tu esposo Alfredo que te quiere mucho”. -Ahora sabemos doña asunción que tiene marido esperemos que venga a buscarla. Un año transcurrió. Asunción despertó con el rostro levantado, silbando una melodía. -¡Que contenta amaneció, doña!- Dijo la enfermera. --Soy María Asunción y es una canción que mi difunto marido me dedicaba-. La asistente salió casi corriendo hasta la oficina del director médico para dar la buena noticia. Al llegar a la habitación, María, sentada al borde de la cama frente a la ventana, leyendo un recorte de periódico, levantó la vista ¿Quienes son ustedes? ¿Qué hago aquí? ¡Acaso no saben que soy la Reyna de España, exijo mi liberación!

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