29 enero 2008

EL GIRASOL,oleó de la artista Nadia Gallegos



Autor: Víctor González
Enero del 2008


Gira, gira, gira
alrededor del sol
llenándose de luz
y está en la mira
Del ojo creador.
Sus manos delinean
su sangre colorea
pintando la vida con pasión.
Estalla el girasol ¡qué color!
Giran, giran, giran personas
lo admiran floreciendo
entre pinceladas de amor.

12 enero 2008

Sigue Sangrando

Autor: Víctor González

Después tanto tiempo
La herida sigue sangrando.
Las costras superficiales
dieron paso al infeccioso pus,
que contaminó el alma.
Un amor simulado,
Una lucha sin cuartel
terminó abriendo la herida
Y descubrió putrefacción debajo
De la piel.
Horas intranquilas, horas angustiosas
avanzaban clavando sus manecillas
afiladas al corazón herido
Dos batallas atrás dejaron
mella y respira pasivo.
Late aún, pero se duele de la herida.
Tiene esperanza de sanar
y esperanza de salir herido
otra vez. morirá
en el intento de ser amado.

28 diciembre 2007

Cuento de navidad

Autor: Víctor González
Quizás tal vez San Nicolás no sabe leer náhuatl. Sonó una voz del rincón del jacal para justificar la ausencia del personaje navideño que cuentan los turistas. En su comunidad no celebraban las fiestas navideñas como se acostumbran en las ciudades. Ahí en la sierra, con temperaturas bajo cero, llegaban niños sonrientes y próvidos de regalos contando que un hombre gordo vestido de rojo y con una risa jocosa anunciando su llegada traía juguetes a los niños bien portados. Una vez una caravana de religiosos llegó a la aldea y repartieron comida, colchas y juguetes para los niños indígenas pero nunca el gordo simpático que cuentan los niños de la ciudad.
Un día alguien de los chámacos contó el procedimiento para que Santa Claus visitara su casa en noche buena. Una carta, si, una carta pidiéndole el juguete de su preferencia. Tres inviernos pasaron desde que le desvelaron el secreto para atraer a Santa Claus. -Quizás no entiende nuestro dialecto-dijo la madre abnegada, quien de rodillas atizaba el fuego para la cena. Y es que Jacinto, entendía el español y lo hablaba, pero no lo escribía. Tres cartas escritas en náhuatl sin respuesta alguna.
Jacinto no comprendía. Un niño dijo que Santa hablaba todos los idiomas del mundo.-sucede, hijo mío. De nuevo la voz arrinconada- que nuestra lengua no es un idioma es un dialecto que no se habla en la tierra de Santa Claus-.pensó que su padre tal vez tenia razón y apagó la vela
Despertó convertido en un hombre y debajo de la almohada una carta arrugada dirigida a San Nicolás sin enviar desde hace tiempo. Déjate de boberías y baja al pueblo para que busques trabajo dijo su padre que seguía arrinconado en la cama a causa de una embolia desde hace cuatro años.
Un almacén llegó al pueblo con oportunidades de trabajo para los serranos. Jacinto acudió a pedir trabajo y como sabia hacer cuentas lo pusieron de vendedor en el área de juguetes y fue ahí donde lo vio. Al final del pasillo, sentado en una silla y con un niño cargado en las rodillas. San Nicolás o Santa Claus ya no importaba como lo llamaban. Estaba ahí tal como se lo describieron en su niñez. Se acerco lentamente con los ojos muy abiertos y le pregunto- sabes leer náhuatl- . El tipo vestido de rojo le contesto-Ja, ni fui a la escuela porque crees que tengo este empleo de mierda. Se dio la media vuelta dejando a Jacinto aun con la ilusión de escribirle otra carta en esta navidad.

21 diciembre 2007

Espejismo

Autor: Víctor González
A las cinco de la mañana suena el radio-despertador, aturdido se levanta dando traspiés rumbo al baño. Se afeita, después una ducha con agua fría para despertar completamente. Se sirve una taza de café y fuma un cigarro. Despacio se viste, se mira en el espejo, comienza a contar sus arrugas al mismo tiempo abotona su camisa.
Comienza a tocar las paredes de su casa, aun no abre las ventanas. Sin darse cuenta en que momento camina por el techo. Se detiene a observar a una araña, el insecto se cohibe. Entiende el mensaje,y se desliza por un hilo de seda alejandose del arácnido.
Ahora deambula en círculos. Se topa frente a él , comienza a insultarlo ¡largarte!, ¿que haces aquí?, ¡no te quiero ver!, ¡eres una vasca!, ¡un parásito come mierda!.
No le contesta ,solo imita cada movimiento de su agresor. Se enfada, lanza un puñetazo, brota la sangre; otro golpe, más sangre. Al límite de la ira, da un cabezazo y la sangre no le permite verlo, poco a poco guarda silencio.
Se da cuenta que falta un botón. No le da importancia. Observa la hora, ya es tarde a las seis debía de estar en el hospital. Timbra el teléfono y descuelga la bocina. Una voz indiferente y triste avisa que su hijo murió golpeándose contra el espejo. Cuelga y seriamente sube a su cuarto. Despierta a su mujer, la abraza, lloran. Voltea a ver el espejo y lo lanza por la ventana, haciéndose añicos contra el suelo.

El colapso

autor:Víctor González

Todos los días subía a ese edificio de treinta pisos, además de viejo, ya estaba cansado. Casi treinta años descendía y ascendía distintos niveles. Sucedió lo inevitable, un aciago día, comenzó a faltar el oxigeno. Jadeaba y se tambaleaba .Se quedo inmóvil. La gente comenzó a gritar pidiendo auxilio. Al poco tiempo apareció un hombre vestido con una bata blanca, y de un maletín negro saco un aparato. Ante el estupor de todos procedió a revisarlo. Sin contemplaciones dictamino que el edificio necesitaba un elevador nuevo.

20 diciembre 2007

Sofía

Autor: Víctor González

El ambiente se inundó de bullicio. Un sin fin de “como estás, que milagro, pero-que-delgada-te-ves” salían atropelladamente de aquellas mujeres vestidas de fiesta. Celebraban la posada del magisterio que finalizaba el ciclo escolar de invierno. Estas mujeres ataviadas de seda y perfume caro bien podrían ser hechiceras por sus encantos.Cuando en realidad se convertían en brujas frente a una centena de párvulos estudiantes. En una mesa larga, instalada en la estancia, las mentoras degustaban el almuerzo preparado para el festín. Sólo una silla sin ocupar desentonaba con la escena de fraternidad que se dibujaba. En esos momentos Sofía llegó apresurada alineándose los cabellos y ajustándose un poco la falda. ¿Donde estabas? Trono una voz ansiosa por conocer el motivo de la tardanza. Palabras agitadas aun respondieron ¡esta aquí! Vino a verme! ¡Nooo, qué loco, manita! Después silenciosas almorzaron.
Fue en una convención donde esa actitud conocedora del mundo la envolvió y rápidamente la capacidad de grandilocuencia del orador la sumergió en un torbellino de emociones nunca antes sentidas ni cuando su marido, el rector del instituto escolar donde trabaja, le pidió matrimonio frente a la catedral de Notre Dame en Paris.
La carga laboral, los seminarios, diplomados, y las reuniones sociales del magisterio fueron enfriando la relación entre ellos. Sofía se sentía solitaria en casa siempre con un plato de comida esperando la llegada a tiempo. Sonaba el teléfono y detrás el auricular se escuchaba ¡disculpa, mí amor! Llegaré tarde. Todo un año de llegar tarde no sólo enfriaron la cena servida.
Encuentros furtivos de pasión vinieron aderezar un poco su monótona vida. El estrés de las clases y los desaires maritales se estrellaban en una coraza de amor prohibido que Faustino prodigaba a Sofía.
A media reunión recibió un mensaje en su teléfono móvil –te espero en la habitación 123, primer piso, no tardes-sonrió y se levantó de la mesa disculpándose con los presentes. Su amiga lanzo una mirada de complicidad y en voz baja exclamó “perrita sucia”.
No hubo necesidad de tocar la puerta del cuarto. Estaba sin llave.la sonrisa desapareció cuando descubrió el cuerpo desmayado de Faustino y frente a ella su marido con un arma en la mano. Antes de que reaccionara, su esposo, la puso al tanto de que en la mañana la siguió hasta el hotelucho donde tuvo el encuentro con su amante. Sabía todo por una llamada anónima. Tres disparos silenciosos y la belleza de Sofía sucumbió al plomo. Después puso el arma en la mano del amante envenenado. La confidente de Sofía ajena al drama seguía en la fiesta en el primer nivel, cuando recibió el mensaje-Listo ya esta hecho, va parecer suicidio y homicidio, ahora sube para que hagas el hallazgo, besos-eliminó el mensaje.

16 diciembre 2007

Por si me olvidas

Autor: Víctor González

Era la tercera vez y ella todo el tiempo permaneció con el rostro en reverencia, silenciosa, inconmovible. Preguntas ivanyvenian sin recibir respuestas. Desconocía totalmente las calles que recorrió y desde luego no sabia que héroe por amor a la patria dio su nombre a la calle donde vivía. Fue precisamente esa mañana cuando salió al mercado que un nosédonde invadió su mente. Los edificios, calles, y los rostros eran desconocidos. Como si al entrar y salir de la carnicería fuera un portal del espacio intemporal. Un pequeñísimo hilo de cordura se rompió después de hacer el trueque del filete que esperaban en casa. Nunca llegó, lo devoró el tiempo. María Asunción fue bautizada así en honor a la asunción de la virgen María. Sin embargo después de casi medio siglo no recordaba ese acontecimiento que revistió las paredes de su casa de un blanco inmaculado, el patio escenario de sus juegos fue perfumado con jazmines colgantes y una hilera de globos blancos y rosas daba la bienvenida a los invitados Sonrientes, glotones, embriagados,y que hartos de felicidad celebraban a la pequeña María Asunción, quien ajena al desbordamiento de prosperidad dormía plácidamente sin que los gritos de los chiquillos que esperanzados gritaban el clásico “bolo padrino”, la despertaría.
Ninguna identificación traía consigo. Su esposo Alfredo siempre la regañaba porque dejaba el carnet de identificación en casa. -pa, qué que tal si se me pierde, nombre lo difícil que es tramitar de nuevo-. Las autoridades buscaron en la lista de personas reportadas desaparecidas sin éxito alguno. Una trabajadora social integró un expediente escueto y la albergaron en una casa de reposo de abuelitos mientras la buscan sus familiares.
Fue meses después, del primer signo del deterioro mental de asunción, cuando falleció Alfredo. Ahora estaba sola ya que no tuvieron hijos. La primera vez no recordaba los nombres de las personas y ahí en el sepelio de su compañero, se perdió entre los dolientes- ¿que hago aquí?, ¿quienes son ustedes?- . Continuo con su vida Bajo tratamiento medico
Se empleo como sirvienta en el hogar de un matrimonio noble, simplemente para distraerse ya que la pensión de su esposo era buena; aunque a veces se le olvidaba cobrar. Las enfermeras le llamaron “doña” de cariño desde que la recibieron. Descubrieron la fotografía cuando la desvistieron para bañarla, la imagen de un hombre de edad madura, pelo entre cano y bigote, sonriente, quizás porque estaba oculto entre los senos de la mujer. Al revés tenia un mensaje “por si me olvidas, Asunción, soy tu esposo Alfredo que te quiere mucho”. -Ahora sabemos doña asunción que tiene marido esperemos que venga a buscarla. Un año transcurrió. Asunción despertó con el rostro levantado, silbando una melodía. -¡Que contenta amaneció, doña!- Dijo la enfermera. --Soy María Asunción y es una canción que mi difunto marido me dedicaba-. La asistente salió casi corriendo hasta la oficina del director médico para dar la buena noticia. Al llegar a la habitación, María, sentada al borde de la cama frente a la ventana, leyendo un recorte de periódico, levantó la vista ¿Quienes son ustedes? ¿Qué hago aquí? ¡Acaso no saben que soy la Reyna de España, exijo mi liberación!